jueves, 9 de octubre de 2008

Por simpatía


Los corredores incitamos a la simpatía.

No es la primera vez que, me dirijo a la barra de estiramientos ocupada por una anciana con falda tubo semiremangada, con una pierna flexionada, y apoyada sobre la puntilla del otro pie, que me dice "¡Hay que hacer deporte!"; o el señor con bastón que se echa a correr porque el verte debe inspirarle que no es tan difícil; o quien te jalea clandestinamente, que te hace pensar que seguro que has entendido mal y lo que te ha dicho es una obscenidad.

Pero también despertamos la compasión a quien te pregunta que para qué "empujas el árbol", y te mira con condescendencia al responderle que estiras los músculos porque se contraen al correr, ingenua de ti, cuando la explicación racional que esperaba era, que entras en contacto con el árbol para adquirir las cualidades de su fortaleza para correr y, luego, te meterás en el rio para impregnarte de la velocidad de sus aguas.

domingo, 5 de octubre de 2008

Para comerme algo


Últimamente, he recordado por fuerza, mi costumbre de desayunar sólo sólidos antes de salir a correr, aun a 3 horas del entreno, y que, a pesar de tender a trasladarlo a otro circuito con WC abierto y equipado, prefiero recuperar para tener un entrenamiento continuo.

También creo haber descubierto que el cuerpo digiere igual erguido que tumbado, lo que nos da la posibilidad de levantarnos a desayunar y volver a acostarnos hasta la hora prudencial de correr.

Desde ayer, y siguiendo recomendaciones fiables y sensatas, paso a acompañar mis entrenos de un botellín con agua para no deshidratarme. Y, aunque, en un principio, cada intento de trago cada 20 minutos, se traducía en la inmediata asfixia, creo que mis 14 Km de ayer y al ritmo más rápido de esta temporada, pueden deberse a ello.
Eso sí, estaba al límite. Y después de levantar las cejas para saludar a otro corredor al que creí entender "...naaas" mientras arqueaba las suyas, el pulsómetro empezó a avisar de rebase de pulsaciones, y no me había enamorado.

Quiero probar variación en el desayuno, actualmente dulce (desaconsejado antes de correr), y cambiarlo por pan y jamón cocido (pasaré el cacaoconleche y galletas y la naranja, a otros momentos del día).
También tengo que comprobar cómo me sienta la dieta a pasta o arroz, desde dos dias antes de competir.

En fín, todo se correrá.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Objetivo: glaciación

Yo no soy animal de verano. No es lo mío.

Acabaron las escasas y fatigosas microrodadas en el calor. Hoy he extraído mi cuerpo corredor al aire refrigerado del otoño y a la sombra de los árboles de la periferia del parque.

Ésto ya es otra cosa. Mi corazón no se encabrita. El aire fluye ampliamente hacia mis pulmones, sin cruzar ningún desfiladero que produzca silbidos.
Las madejas de fibras a lo largo de los muslos se tensan automáticamente y levantan mi rodilla sin esfuerzo.

La suela de mi zapa rueda por la gravilla, prensa la hierba, sobrevuela las raices salientes de los árboles.
Miro la tierra reseca y cuarteada, y me digo etiope. Entonces acelero.
Más rápida en los ascensos, más rápida con el viento de frente. Y ya mañana empiezo a subir el "monte alto" para acondicionarme, si estoy a tiempo.

viernes, 29 de agosto de 2008

Medidas para salvaguardar el honor familiar

La madrastra de Cenicienta no lo haría.

Ella no llevaría a cabo el seppuku -切腹- (término no tan vulgar como el de hara-kiri -腹切-) (efectivamente, mis pequeños buscagazapos: ideogramas justo en orden inverso). Ni siquiera practicaría el "jigai" (las mujeres, en lugar de abrirse el abdomen, se practicaban un corte en el cuello, seccionándose la arteria carótida con una daga con hoja de doble filo. Previamente, la mujer debía atarse con una cuerda los tobillos, muslos o rodillas, para no tener la deshonra de morir con las piernas abiertas al caer).



Para no vivir momentos como el del minuto 0:16 del video, incluso la tenebrosa percepción maternal del minuto 0:20, que desencadenan tragedias como las predecibles en el minuto 0:23, facilitamos la siguiente ilustración informativa.


viernes, 22 de agosto de 2008

La cuadratura sueca

Los suecos son supercuadriculados, y luego está ABBA.
Los mismos que te organizan un unidireccional y fluído intinerario sin carros, en la elección de mobiliario para tu casa y te ponen impreso y medio-lápiz en la mano, devuelven al orden tu díscolo corretear.

En el año 12 de la pasada centuria, Estocolmo albergó la quinta edicion de los Juegos Olímpicos. Y éstos nativos introdujeron novedades técnicas tales como el cronometraje electrónico activado por pistola de salida, la foto-finish, los aparatos de medición de saltos, pasillos para carrera de 400 m., la Villa Olímpica para albergar a los participantes (salvo USA, que permaneció alojado en su trasatlántico), y la publicación de un cotidiano en tres idiomas para informar sobre el transcurrir de las pruebas.

¡Qué memorables Juegos los de aquel año!

Por primera vez (anteriores convocatorias: 1896, 1900, 1904 y 1908), un corredor de fondo se hace mundialmente famoso: el finés Hannes Kolehmainen (sí, famoso).

Al indio norteamericano Jim Thorpe (rutilante prodigio incluso en bailes de salón) se le acusó de profesionalismo por cobrar 25 dolarcillos en una liga menor de béisbol y se le retiraron las dos medallas de oro conseguidas en pentatlón y decatlón, tras el triunfal recibimiento de sus paisanos.

Un corredor portugués, Francisco Lázaro, para protegerse del previsible calor, se cubrió, como los nadadores, el cuerpo de una grasa que le impidió transpirar, su cuerpo se recalentó, llegó al colapso y murió.

Y mi héroe Manga preferido: Shizo Kanaguri, que desapareció al límite de sus fuerzas en el kilómetro 30. Desde una casa, le ofrecieron un refresco y él se quedó hasta el día siguiente mientras su equipo y la organización le buscaba por todas partes. Shizo recogió sus cosas y volvió por su cuenta a su país.
Con 76 años y 55 años después, con su camisa hawaiana y su Nikon colgada al cuello, volvió y terminó la carrera desde el punto dónde la dejó y hasta franquear la línea de llegada al estadio.

miércoles, 11 de junio de 2008

El estirón

La foto es de Juan Carlos Tuero (y ella no soy yo)

El otro día caí en un entreno; quiero decir que es como si entrenara por casualidad, no es que esta materia tangible que en tan alta estima tengo, fuera a dar de bruces contra el suelo.

Estiré bajo el dintel y entre las jambas y sali a corretear las calles hasta el parque.
Le había dicho al médico que no, que no podía colgar mis vértebras de ningún lado.
Y, de pronto, una cámara con artefactos variados. Algo me posee y, como una Nadia Comaneci, alargo mis brazos y salto hasta agarrarme con las manos a las asas metálicas. Trato de no bambolearme y hago mis pequeñas estupideces en el intento.

Desde un banco, alguien observa mis evoluciones y yo acabo descolgándome: ¿os creíais que iba a hacer El Cristo? ¡Pues ni Cristo, ni salto del tigre!

Rodé muy tranquílamente, mucho...
Y he tomado una determinación inamovible, creo: pasarme el verano rodando muy muy lentamente, para bajar pulsaciones y no pesar.
Por otro lado fortalecerme con abdominales, escaleras, bicicleta (cuyo uso -con o sin casco- parece bastante arriesgado).

Pero he empezado a leer "El Maratón (teoría y práctica)". No por nada. Parecía el más interesante sobre atletismo.
Hace cien años las competiciones eran mucho más simpáticas: los atletas atajaban, se subían a coches, paraban en una casa a tomar una limonada y decidían repentinamente volver por su cuenta a su país mientras la organización de los Juegos Olímpicos y su delegación le buscaba por todos lados.

Y sigo leyendo...

lunes, 19 de mayo de 2008

¡La he hecho!

Después de mi trashumancia y la de mis cajas por la geografía astur, abandonados los bajos del puente (¡pero qué malita que está la experiencia inmobiliaria!), abro mi sesión de entrenos previos al proyecto que me ilusiona hace meses:
4 kilómetros que encaro volviendo a vestirme ceremoniosamente mi ropa y calzado de corredora y canturreando el tema principal de “2001 Una odisea del espacio” de Kubrick; 10 kilómetros de asfalto que sube y baja hasta llegar a la gravilla de mi antiguo y llano parque; 15 kilómetros acometidos con mesura, parte bajo la lluvia, parte bajo la tejavana de la pista de patinaje.
Y con ese rodaje, y una tregua de días para no lesionarme ni arrastrar cansancio, oso embarcarme en una mediamaratón y a cara descubierta.

Donostia. 17 de Mayo de 2008.
"Village" junto a los cubos de Moneo. Avisto el listado de inscritos a la carrera. Calculo unos 1700 registros. Recogemos dorsal y chip y nos vamos a tomar unos zuritos y unos txakolis.

Donostia. Un día después.
Encuentro al colega en el puente una hora antes de la salida. Gente calentando desde las 8 de la mañana.
Intento escaquearme de calentar corriendo, porque eso que se descuenta de mi aspiración a 21 km. primeros de mi vida. Correteo y más estiro. Y hoy, soy yo la chica más blanca de la playa del Gronx.

Nos situamos en una posición intermedia que oigo a alguien de las inmediaciones calificar de “¡pero qué hacéis aquí, tú, en la zona de viejos!”.
Arrancamos y alguna perversión muy personal me hace sentirme bien cuando la gente me rebasa por ambos lados.

Veo el kilómetro 3 y me sembla que ésto se me va a hacer larguísimo y no lo acabaré. Pero llegamos al Antiguo, me cruzo con la cabeza de carrera, los dos kenianos y busco al otro lado del seto al colega que pronto aparece y saluda al grito de “¡apaaa!”. Desde ahí, y ya sería el kilómetro 5, cada poco, algunos compañeros empiezan a animarnos a nosotros, los postreros. También el público.
Llego al kilómetro 7,5 y cojo una esponja (yo me las había imaginado como bancos sobremarinos de coral) que me exprimo encima evitando mojar el dorsal, como me ha avisado un buen gitanazo.

Moto y bicicletas de la organización se turnan la tarea de escoltarnos y acompañarnos. Nos vamos cogiendo cariño: “ésta la termina”, “¿es el primer 21 que haces?” “¿necesitas que te traiga algo, agua, lo que sea…? “ahora no me dejan seguir por aquí, nos vemos después de la rotonda”, “¿a que me has echado de menos?” “se te ve la cara fresca, si vieras que caras hay por ahí delante…” “así, así, dosifica” “no hables, si prefieres”…

Y pasa el tiempo y los kilómetros y seguimos en la carrera. Y supongo que por esa extrañeza, aumentan los aplausos de colegas y espectadores, incluso de los conductores retenidos:
“¡Claro que sí, claro que sí!”, “Venga txiki”, “aupa, neska”, “¡valiente!” “avant, avant!” y yo devuelvo el aplauso o levanto el dedo (pulgar).
A los 12,5 Km. las esponjas de nuevo, y yo alargo ambos brazos para aprovisionarme de dos.

Pregunto a mi ciclista acompañante si nos devuelven a meta en caso de que finalice el tiempo y nos pille en el otro extremo de la ciudad o volvemos a pie. Dice que ya me llevará aquel (el motorista, supongo).
Frases de admiración, riña de los organizadores a los peatones que se atraviesan inoportunamente, las fuerzas del orden público (municipales y autonómicas), mostrando tímidamente tener un corazoncito aeróbico y entusiasta.
Y yo cojo torpemente las desenroscadas botellas de agua que me ofrecen. Para beber patosa o para refrescarme piel y ropa.
Cojo tres esponjas; una se me cae a medio extorsionar.

La última cuarta parte de la carrera, y a partir de ahí, me uno al corredor anterior. Nos decimos que ya sólo nos queda volver.
Nuestro ciclista favorito contesta a los animadores “¡si nosotros vamos a dar otra vuelta más…!”, “¡no, si ahora vamos a subir a Ulía (el monte junto a la meta)…!”.
Un grupo de gente desconocida se me echa encima vociferando ánimos, y me entra tal emoción que tan pronto acabo de esconder la cara me asalta la duda de si les conoceré, porque ha sido asombroso.
“Ya está, estamos ya”, nos decimos antes de la curva de Sagüés. Mantenemos el ritmo y cruzamos la meta. Estrecho las manos del compañero y de nuestros acompañantes, han sido la clave de poder terminar.

Voy en busca del colega, y creo que van a ser costumbre nuestras despedidas repentinas tipo abandonar, ante el pasmo del resto de conductores, todos los ocupantes, el coche, en mitad de la vía pública para darnos un abrazo y retomar cada uno su camino, o tipo entregarnos una mochila y salir en estampida.
Empiezo a acusar el agotamiento a la espera del masaje o cualquier tipo de atención en mi agonía.
La masajista se topa con mi contractura (o posible micro-rotura según la ergometría en los días anteriores) nalgar y otras del día, pero opta por reactivarme porque me sabe muerta. Y realmente me da igual el mirón adherido a la valla ante el espectáculo de bragas y sujetadores al aire.
Consigo vestirme y llegar bajo techo. Y mi niño en Babia me recibe con una sonrisa que parece saber que algo grandioso ha ocurrido.
Me tumbo hasta la comida. Y después hasta la cena; y el desayuno…
Hoy estoy sentada.

La carrera tuvo lugar un día después de enterarme de la muerte en carrera de Najat Tijani (seguir el hilo de la noticia desde aquí); incuestionablemente, lo más importante que ocurrió en la última edición del Mapoma. Es impresentablemente mezquino que la organización o los medios de comunicación traten de ocultarlo, y supone una predicción paranoica. Es un desprecio por la vida humana, humillante.
Que su familia y amigos nos sepan muy cerca.