martes, 14 de octubre de 2008

Simulacro Extreme

La idea era hacer un simulacro de mi Behobia Extreme: cenar carbohidratos, meterme en el bus-dormitorio, subir valija escaleras arriba, tener un día para reparar desperfectos de traslado, comer y volver a cenar carbohidratos, dormir, desayunar al uso, correr y rebozarme bien de anti-inflamatorio.

Puede que lo de "La pasta" haya que reducirlo a sólo la cena de víspera a la carrera, para evitar una carga adicional difícilmente evacuable...
Los autobuses dormitorios, realmente son autobuses-Padrón, unos duermen y otros non.
Las escaleras se reproducen por esporas.
Del mismo modo que antes de cruzar, hay que mirar si vienen coches, aquí se hace necesario mirar a los lados si se acerca una carrera, antes de flexionar la suela de la zapatilla.

No fueron 18, sino 16 Km. El inflexible asfalto se hacía notar en la rodilla, y decidí dejar esa distancia como entreno para suelo con amortiguación.
No llevaba agua y sí un tapón de carbohidratos en los intestinos.
Un ritmo medio de 7'16" por Km. para ese cuadro clínico, no me hace quejar.

Hice por dos veces el reconocimento (eso creo) del terreno de carrera, motorizada.
La cuesta hacia Gaintxurizketa la veo suave (las obras la han rebajado el desnivel del 6% al 5%) pero larga, y después del subeybaja de los toboganes, que no sé cómo me dejarán las piernas (tengo que entrenarlos). Me dicen que lo peor es hasta Miracruz, que es muy aburrido. Pero yo sé que arrastrarme hasta el alto, será muy duro.
Y cuando me disponía a regresar, sin asiento en los tres próximos viajes. Compro billete de vuelta en el autobús-dormitorio. Hoy tampoco es mi turno...

Hoy, he incluído 2 Km. con una subida del 6%. Bien, no pierdo mucho. Y bajando, lo compenso o gano. Noto que las piernas no dan de sí lo que el corazón sí daría (llamadme generosa). Se requiere ganar fuerza en las piernas.
Tengo que hacerme un plan subibajando por tramos equivalentes a la Behobia, esa cuesta del 6%. (No es para tanto, los hay que hacen señas con brazos y piernas al universo -"Tai Chi" le llaman- y nadie se les queda mirando mucho tiempo).

jueves, 9 de octubre de 2008

Por simpatía


Los corredores incitamos a la simpatía.

No es la primera vez que, me dirijo a la barra de estiramientos ocupada por una anciana con falda tubo semiremangada, con una pierna flexionada, y apoyada sobre la puntilla del otro pie, que me dice "¡Hay que hacer deporte!"; o el señor con bastón que se echa a correr porque el verte debe inspirarle que no es tan difícil; o quien te jalea clandestinamente, que te hace pensar que seguro que has entendido mal y lo que te ha dicho es una obscenidad.

Pero también despertamos la compasión a quien te pregunta que para qué "empujas el árbol", y te mira con condescendencia al responderle que estiras los músculos porque se contraen al correr, ingenua de ti, cuando la explicación racional que esperaba era, que entras en contacto con el árbol para adquirir las cualidades de su fortaleza para correr y, luego, te meterás en el rio para impregnarte de la velocidad de sus aguas.

domingo, 5 de octubre de 2008

Para comerme algo


Últimamente, he recordado por fuerza, mi costumbre de desayunar sólo sólidos antes de salir a correr, aun a 3 horas del entreno, y que, a pesar de tender a trasladarlo a otro circuito con WC abierto y equipado, prefiero recuperar para tener un entrenamiento continuo.

También creo haber descubierto que el cuerpo digiere igual erguido que tumbado, lo que nos da la posibilidad de levantarnos a desayunar y volver a acostarnos hasta la hora prudencial de correr.

Desde ayer, y siguiendo recomendaciones fiables y sensatas, paso a acompañar mis entrenos de un botellín con agua para no deshidratarme. Y, aunque, en un principio, cada intento de trago cada 20 minutos, se traducía en la inmediata asfixia, creo que mis 14 Km de ayer y al ritmo más rápido de esta temporada, pueden deberse a ello.
Eso sí, estaba al límite. Y después de levantar las cejas para saludar a otro corredor al que creí entender "...naaas" mientras arqueaba las suyas, el pulsómetro empezó a avisar de rebase de pulsaciones, y no me había enamorado.

Quiero probar variación en el desayuno, actualmente dulce (desaconsejado antes de correr), y cambiarlo por pan y jamón cocido (pasaré el cacaoconleche y galletas y la naranja, a otros momentos del día).
También tengo que comprobar cómo me sienta la dieta a pasta o arroz, desde dos dias antes de competir.

En fín, todo se correrá.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Objetivo: glaciación

Yo no soy animal de verano. No es lo mío.

Acabaron las escasas y fatigosas microrodadas en el calor. Hoy he extraído mi cuerpo corredor al aire refrigerado del otoño y a la sombra de los árboles de la periferia del parque.

Ésto ya es otra cosa. Mi corazón no se encabrita. El aire fluye ampliamente hacia mis pulmones, sin cruzar ningún desfiladero que produzca silbidos.
Las madejas de fibras a lo largo de los muslos se tensan automáticamente y levantan mi rodilla sin esfuerzo.

La suela de mi zapa rueda por la gravilla, prensa la hierba, sobrevuela las raices salientes de los árboles.
Miro la tierra reseca y cuarteada, y me digo etiope. Entonces acelero.
Más rápida en los ascensos, más rápida con el viento de frente. Y ya mañana empiezo a subir el "monte alto" para acondicionarme, si estoy a tiempo.

viernes, 29 de agosto de 2008

Medidas para salvaguardar el honor familiar

La madrastra de Cenicienta no lo haría.

Ella no llevaría a cabo el seppuku -切腹- (término no tan vulgar como el de hara-kiri -腹切-) (efectivamente, mis pequeños buscagazapos: ideogramas justo en orden inverso). Ni siquiera practicaría el "jigai" (las mujeres, en lugar de abrirse el abdomen, se practicaban un corte en el cuello, seccionándose la arteria carótida con una daga con hoja de doble filo. Previamente, la mujer debía atarse con una cuerda los tobillos, muslos o rodillas, para no tener la deshonra de morir con las piernas abiertas al caer).



Para no vivir momentos como el del minuto 0:16 del video, incluso la tenebrosa percepción maternal del minuto 0:20, que desencadenan tragedias como las predecibles en el minuto 0:23, facilitamos la siguiente ilustración informativa.


viernes, 22 de agosto de 2008

La cuadratura sueca

Los suecos son supercuadriculados, y luego está ABBA.
Los mismos que te organizan un unidireccional y fluído intinerario sin carros, en la elección de mobiliario para tu casa y te ponen impreso y medio-lápiz en la mano, devuelven al orden tu díscolo corretear.

En el año 12 de la pasada centuria, Estocolmo albergó la quinta edicion de los Juegos Olímpicos. Y éstos nativos introdujeron novedades técnicas tales como el cronometraje electrónico activado por pistola de salida, la foto-finish, los aparatos de medición de saltos, pasillos para carrera de 400 m., la Villa Olímpica para albergar a los participantes (salvo USA, que permaneció alojado en su trasatlántico), y la publicación de un cotidiano en tres idiomas para informar sobre el transcurrir de las pruebas.

¡Qué memorables Juegos los de aquel año!

Por primera vez (anteriores convocatorias: 1896, 1900, 1904 y 1908), un corredor de fondo se hace mundialmente famoso: el finés Hannes Kolehmainen (sí, famoso).

Al indio norteamericano Jim Thorpe (rutilante prodigio incluso en bailes de salón) se le acusó de profesionalismo por cobrar 25 dolarcillos en una liga menor de béisbol y se le retiraron las dos medallas de oro conseguidas en pentatlón y decatlón, tras el triunfal recibimiento de sus paisanos.

Un corredor portugués, Francisco Lázaro, para protegerse del previsible calor, se cubrió, como los nadadores, el cuerpo de una grasa que le impidió transpirar, su cuerpo se recalentó, llegó al colapso y murió.

Y mi héroe Manga preferido: Shizo Kanaguri, que desapareció al límite de sus fuerzas en el kilómetro 30. Desde una casa, le ofrecieron un refresco y él se quedó hasta el día siguiente mientras su equipo y la organización le buscaba por todas partes. Shizo recogió sus cosas y volvió por su cuenta a su país.
Con 76 años y 55 años después, con su camisa hawaiana y su Nikon colgada al cuello, volvió y terminó la carrera desde el punto dónde la dejó y hasta franquear la línea de llegada al estadio.

miércoles, 11 de junio de 2008

El estirón

La foto es de Juan Carlos Tuero (y ella no soy yo)

El otro día caí en un entreno; quiero decir que es como si entrenara por casualidad, no es que esta materia tangible que en tan alta estima tengo, fuera a dar de bruces contra el suelo.

Estiré bajo el dintel y entre las jambas y sali a corretear las calles hasta el parque.
Le había dicho al médico que no, que no podía colgar mis vértebras de ningún lado.
Y, de pronto, una cámara con artefactos variados. Algo me posee y, como una Nadia Comaneci, alargo mis brazos y salto hasta agarrarme con las manos a las asas metálicas. Trato de no bambolearme y hago mis pequeñas estupideces en el intento.

Desde un banco, alguien observa mis evoluciones y yo acabo descolgándome: ¿os creíais que iba a hacer El Cristo? ¡Pues ni Cristo, ni salto del tigre!

Rodé muy tranquílamente, mucho...
Y he tomado una determinación inamovible, creo: pasarme el verano rodando muy muy lentamente, para bajar pulsaciones y no pesar.
Por otro lado fortalecerme con abdominales, escaleras, bicicleta (cuyo uso -con o sin casco- parece bastante arriesgado).

Pero he empezado a leer "El Maratón (teoría y práctica)". No por nada. Parecía el más interesante sobre atletismo.
Hace cien años las competiciones eran mucho más simpáticas: los atletas atajaban, se subían a coches, paraban en una casa a tomar una limonada y decidían repentinamente volver por su cuenta a su país mientras la organización de los Juegos Olímpicos y su delegación le buscaba por todos lados.

Y sigo leyendo...